La continuación del caos... ¿o el comienzo de algo nuevo?
Capítulo 1 — Después de la Última Canción
La última batalla había terminado.
Las Guerreras K-Pop habían salvado el mundo una vez más, y la barrera que separaba a los humanos de los demonios parecía más fuerte que nunca.
Las multitudes celebraban.
Los fans cantaban.
Las luces de los escenarios brillaban.
Pero algo andaba mal.
Muy mal.
Esa misma noche, lejos de los focos, una fisura apareció en el cielo sobre las Montañas Nebulosas.
Una grieta negra.
Silenciosa.
Viva.
Al otro lado, algo observaba.
Algo antiguo.
Algo que no debería existir.
Mientras tanto, en un pequeño apartamento en las afueras de la ciudad, una joven observaba la lluvia caer por la ventana.
Su nombre era Eluna.
Piel clara.
Largo cabello negro.
Un flequillo que ocultaba parcialmente sus ojos azules como el hielo.
Llevaba una vida común... o al menos lo intentaba.
Nadie sabía que ella poseía una conexión con el mundo espiritual mucho más fuerte que cualquier guerrera existente.
Ni siquiera ella comprendía completamente sus poderes.
Desde niña, sueños extraños la perseguían.
Sueños con lunas rojas.
Campos cubiertos de cenizas.
Y una voz masculina que siempre repetía las mismas palabras.
"Cuando la Luna Negra despierte, deberás elegir."
Esa noche, el sueño volvió.
Pero esta vez fue diferente.
La voz parecía más cercana.
Más real.
— Eluna...
Abrió los ojos de repente.
Su habitación estaba sumida en la oscuridad.
Pero había alguien allí.
Una silueta de pie junto a la ventana.
Alta.
Inmóvil.
Observándola.
Eluna saltó de la cama.
Cuando encendió la luz...
No había nadie.
Solo una única pluma negra en el suelo.
Su corazón se aceleró.
Entonces su celular vibró.
Una notificación de emergencia.
Todas las pantallas de la ciudad se interrumpieron al mismo tiempo.
El rostro de Rumi apareció en la transmisión.
A su lado estaban Mira y Zoey.
Pero sus expresiones estaban tensas.
Preocupadas.
— Atención. — dijo Rumi. — Si alguien está viendo este mensaje, permanezca en casa. Hemos detectado una ruptura dimensional de nivel máximo.
Las imágenes cambiaron.
Mostrando una enorme grieta oscura que surcaba el cielo.
— Nunca antes habíamos registrado algo así.
Eluna sintió un escalofrío recorrer su espalda.
Porque reconoció esa energía.
Era la misma de sus sueños.
La misma de la pluma negra.
La misma voz.
De repente, todas las luces del apartamento se apagaron.
La temperatura bajó.
Y la voz volvió a resonar.
Más clara que nunca.
— Finalmente te encontré.
La pared detrás de ella explotó.
Sombras invadieron la habitación.
Y, entre ellas, apareció un hombre.
Alto.
Vestido de negro.
Cabello oscuro.
Ojos dorados que brillaban como fuego.
No parecía humano.
Pero tampoco parecía un demonio común.
Su mirada se encontró con la de Eluna.
Y, por un instante, el tiempo pareció detenerse.
— Entonces era verdad... — susurró.
Eluna retrocedió.
— ¿Quién eres?
Una sonrisa apareció en sus labios.
Triste.
Peligrosa.
Familiar.
— Mi nombre es Kael.
Dio un paso adelante.
— Y durante siglos he esperado tu regreso.
En ese mismo instante, una marca plateada brilló en la muñeca de Eluna.
Una marca que ella nunca había visto antes.
Pero Kael la reconoció inmediatamente.
Su sonrisa desapareció.
Por primera vez, el miedo apareció en sus ojos.
— No...
Su voz falló.
— Tú no eres solo Eluna.
El suelo comenzó a temblar.
Y, en algún lugar más allá de la fisura en el cielo, algo colosal despertó. Capítulo 2 — La Protegida de la Maestra
El suelo siguió temblando.
La marca plateada en la muñeca de Eluna brillaba cada vez con más fuerza.
Kael permaneció inmóvil, mirando a la joven como si viera a alguien que creía perdido para siempre.
— No... esto no puede estar pasando...
Antes de que pudiera continuar, una poderosa onda de energía atravesó el apartamento.
La luz expulsó las sombras que lo rodeaban.
Cuando el brillo desapareció, una mujer estaba frente a Eluna.
Alta.
Elegante.
Con cabello plateado y una mirada tan serena como intimidante.
— Maestra Selene...
Selene se colocó entre Eluna y Kael.
— No deberías estar aquí.
Kael sonrió de lado.
— Y tú la escondiste todo este tiempo.
Por primera vez, había irritación en su voz.
— Ni siquiera yo pude encontrarla.
Selene no respondió.
Un círculo de energía apareció bajo los pies de Eluna.
Todo desapareció en un resplandor.
Momentos después, Eluna se encontraba en el Templo Honmoon.
Rumi, Mira y Zoey ya estaban presentes, junto con varias cazadoras.
Cuando Selene entró en la sala acompañada de la chica desconocida, el lugar se sumió en silencio.
— ¿Maestra? — preguntó Rumi.
Selene caminó hasta el centro de la sala.
Su mirada recorrió a todas las presentes.
— Durante muchos años guardé un secreto.
La tensión aumentó inmediatamente.
— Un secreto que ahora no puede permanecer oculto.
Entonces colocó una de sus manos sobre el hombro de Eluna.
— Esta es Eluna.
Rumi observó a la joven.
Algo en su rostro le resultaba familiar.
Los ojos.
La forma de la cara.
La sonrisa tímida.
Era extraño.
Como mirarse a sí misma en una parte olvidada.
Selene respiró hondo.
— Eluna no es solo mi protegida.
La sala entera permaneció en silencio.
— También es hija del antiguo linaje de las cazadoras lunares.
Los ojos de Rumi se abrieron de par en par.
— ¿Qué?
Selene continuó:
— Y... ella es tu hermana menor, Rumi.
El mundo pareció detenerse.
Rumi se quedó inmóvil.
Eluna también.
— ¿Mi... hermana? — susurró Rumi.
— Sí.
Selene asintió.
— Cuando eran niñas, la amenaza de la Luna Negra ya se acercaba. Para protegerlas, nos vimos obligados a separarlas.
Lágrimas aparecieron en los ojos de Eluna.
Durante toda su vida había creído no tener familia.
Y ahora...
Rumi dio un paso adelante.
Luego otro.
Hasta detenerse frente a ella.
Las dos se miraron.
Los mismos rasgos.
La misma energía.
La misma sensación de pertenencia.
Y entonces, sin pensar, Rumi la abrazó.
Eluna correspondió inmediatamente.
Como si estuviera reencontrando una parte perdida de su propio corazón.
Mientras tanto...
Al otro lado de la fisura dimensional.
Kael observaba todo a través de un espejo de sombras.
Su rostro permanecía serio.
— Entonces finalmente lo descubrieron.
Una nueva voz surgió detrás de él.
— Esto complica las cosas.
Kael se giró.
Un hombre de cabello oscuro estaba sentado sobre un trono de piedra negra.
Su sonrisa era familiar.
Peligrosamente familiar.
Era Jinu.
O mejor dicho...
El Jinu que todos creían desaparecido después de la última batalla.
Kael se cruzó de brazos.
— Deberías estar descansando.
Jinu rió.
— ¿Y perderme toda la diversión?
Kael negó con la cabeza.
A pesar de la apariencia seria, había afecto en su mirada.
Porque Jinu no era solo su aliado.
Era su hermano menor.
Los dos habían atravesado siglos juntos.
Sobrevivido a guerras.
Traiciones.
Y a la caída de imperios enteros.
— Todavía no puedo creer que te enamoraras de una cazadora — provocó Kael.
Jinu sonrió.
— Y yo todavía no puedo creer que pasaras siglos buscando a una chica que ni siquiera sabía que existía.
Kael le lanzó una mirada mortal.
— Cuidado.
— ¿Lo ves? Es exactamente por eso que sigues soltero.
Por primera vez en mucho tiempo, Kael rió.
Pero su sonrisa desapareció cuando volvió a mirar la imagen de Eluna.
Porque él conocía la verdad.
La verdadera guerra aún no había comenzado.
Y cuando la Luna Negra despertara...
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