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Detalles
¡Claro! Aquí tienes un comienzo en tono sombrío, gótico y con elementos de romance oscuro:
La luna llena se cernía sobre los cielos de Roma como un ojo plateado observando los pecados de la humanidad.
Las calles de piedra estaban vacías esa madrugada, excepto por los rastros de sangre que serpenteaban por los callejones como un sendero macabro. Victoria Verner apretó la empuñadura de su espada de plata mientras sus ojos azules recorrían la oscuridad.
Ella y Victor eran leyendas.
Hermanos gemelos. Cazadores de monstruos. Los nobles los admiraban, los campesinos los veneraban y las criaturas de la oscuridad aprendían a temer sus nombres.
Pero tres noches antes, todo había cambiado.
La emboscada contra una manada de hombres lobo debería haber sido simple. Un ataque rápido. Una ejecución limpia.
En cambio, se convirtió en una masacre.
Victor había sido mordido.
Ella aún podía escuchar el grito de su hermano resonando por el bosque mientras una enorme criatura lo arrastraba hacia las sombras. Desde entonces, Victoria no había dormido. No había descansado.
Solo cazado.
Días de rastreo la llevaron al corazón del Bosque Negro, una extensión salvaje donde incluso los monstruos evitaban entrar.
Fue allí donde encontró al trol.
La criatura medía más de tres metros de altura, su piel estaba cubierta de musgo y sus colmillos amarillentos parecían puñales.
Victoria estaba cubierta de sangre cuando clavó la espada en el ojo de la bestia.
El trol rugió.
La tierra tembló.
Luego cayó.
El silencio regresó al bosque.
Victoria sacó la hoja del cadáver y limpió la sangre de su rostro con el dorso de la mano.
Fue entonces cuando escuchó el sonido de un rifle siendo amartillado.
— Impresionante.
La voz masculina surgió entre los árboles.
Ella giró inmediatamente, apuntando la espada a la oscuridad.
Un hombre alto salió de las sombras.
Llevaba un largo abrigo negro. El cabello castaño caía sobre sus ojos severos y cansados. Había cicatrices esparcidas por su rostro y una escopeta de caza descansaba sobre su hombro como si fuera parte de su cuerpo.
Victoria lo reconoció al instante.
Van Helsing.
El cazador de monstruos más temido de Europa.
Sus ojos recorrieron el cuerpo de la joven, observando las heridas, la espada ensangrentada y la feroz determinación estampada en su rostro.
— Está siguiendo algo — concluyó él.
— No es asunto suyo.
Una discreta sonrisa apareció en la comisura de su boca.
— Un hombre lobo se llevó a tu hermano.
Victoria se congeló.
Por un instante, solo por un instante, el control se le escapó de las manos.
Van Helsing lo percibió.
Y ella percibió algo en él también.
El olor.
Sangre.
Lobo.
Era débil. Casi imperceptible.
Pero estaba allí.
Los ojos de ambos se encontraron.
Un secreto reconociendo a otro.
Y, por primera vez desde la desaparición de Victor, Victoria sintió que había encontrado a alguien tan maldito como ella.
Mal sabía que el hombre ante ella escondía una bestia dentro de su propio pecho.
Una bestia que, con cada luna llena, se estaba volviendo más difícil de controlar.
Y que, pronto, desearía mucho más que la sangre de sus enemigos.
Desearía a Victoria.