Đang tải...
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Sarang era invisible. O al menos eso parecía cada mañana cuando llegaba al edificio de la agencia, con su sudadera gris sin forma, los lentes cayéndosele por la nariz y esas ojeras marcadas como si no hubiera dormido en días. Al ser un omega masculino, tenía que mantener sus feromonas bajo control tomando múltiples supresores. Desde su anterior empresa se había corrido un rumor desagradable sobre él, y aquí no fue diferente: los susurros lo seguían, distorsionando su esfuerzo y reduciéndolo a algo que no era. Sarang hacía de todo: organizar agendas, reservar hoteles, encargarse de detalles incómodos que nadie más quería manejar. Tenía que comprar lo que le pedían, cumplir sin cuestionar, soportar gritos, regaños y palabras hirientes. Sarang era invisible. O al menos eso parecía cada mañana cuando llegaba al edificio de la agencia, con su sudadera gris sin forma, los lentes cayéndosele por la nariz y esas ojeras marcadas como si no hubiera dormido en días. Su trabajo como asistente del idol más famoso del momento, Jiwoon, no le daba descanso. Y tampoco respeto. Jiwoon era todo lo contrario a él: alto, rubio platinado, con la piel tan perfecta que parecía de porcelana, y unos ojos dorados que podían atravesarte si se molestaba. Y se molestaba… bastante seguido. Por tonterías, muchas veces. Sarang hacía de todo: organizar agendas, reservar hoteles, encargarse de peticiones personales, cumplir órdenes sin margen de error. Aguantaba todo en silencio. —Llegas tarde —dijo Jiwoon apenas lo vio entrar a su camerino, sin levantar la vista del espejo donde un estilista le peinaba el flequillo perfecto. —Lo siento —respondió Sarang en voz baja mientras dejaba sobre la mesa un té exactamente como le habían indicado: sin azúcar, con una rodaja de limón y a la temperatura correcta. Jiwoon tomó el vaso, dio un sorbo… y frunció el ceño. —¿Cuánto tardaste en prepararlo? —Cinco minutos. Jiwoon lo miró por primera vez, con esa expresión que mezclaba aburrimiento y fastidio. —Sabe raro. Tráeme otro, retócame el maquillaje y agenda una cita hoy en el hotel Palace. Sarang asintió en silencio.