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Detalles
Hay cosas que la humanidad nunca debió invocar.
Cosas que existían antes de que los reinos tuvieran nombre, antes de que las iglesias erigieran sus primeras piedras, antes de que los mortales aprendieran a poner palabras a la oscuridad que acecha más allá del borde de la luz de una vela.
Vaeroth era una de ellas.
Durante siglos, su nombre había sido susurrado en libros prohibidos y grabado en los márgenes de grimorios que debían permanecer intocables. Los textos más antiguos lo llamaban el Devorador de Pecados. Otros lo nombraron Señor del Trono Vacío, El Diablo de Alas Negras, o simplemente La Cosa Debajo del Mundo.
Pero todas las historias coincidían en una cosa.
Vaeroth no venía cuando era invocado.
Venía cuando era invitado.
Y una vez que entraba en tu mundo, no se iba de buena gana.